Mi querido y gentil lector, este director, hundido en la “cultura pop” y generando dopamina instantánea con las plataformas de streaming, se enganchó con una serie que se llama “Bridgerton”. Esto, de alguna manera, me llevó a pensar y a reflexionar sobre el pasado; mejor dicho, en líneas generales, sobre las raíces.
Si bien es cierto que esta serie se ambienta en los 1800, el universo que han creado es bastante particular. No me voy a detener en detalles porque este hábil director puede esquivar bien las balas… y las cancelaciones. Haciendo asociación libre, cual paciente en el diván del terapeuta, entrar en ese mundo “mágico”, ponele, (referencia a mi querido amigo “El PELADO Investiga”), y de hace varias, muchas, décadas, me ha llevado a pensar sobre nuestros orígenes.
Querido lector, no me malinterprete: lejos de perseguir castillos y herencias perdidas, frente a mis ojos se ha abierto un portal —ya que están tan de moda entre los “místicos de Instagram”— que me permitió entrar y hurgar en el pasado propio y, si se quiere, colectivo.
Hablando de cultura pop y demás cosas superficiales (¡por Dios, qué afilado que anda este director en esta entrega!), hay una frase que se le atribuye a grandes hombres de la historia, aunque en realidad no tenemos la más mínima idea de si el “propietario” de esa frase realmente lo fue. “Quien no conoce la historia está condenado a repetirla”, palabra más, palabra menos, reza así. A este molesto y reflexivo director le gustaría darle otro encuadre en el siguiente párrafo…
Podría decir que quien conoce su historia puede enriquecer su presente. Es tan importante saber de dónde venimos, cuál es nuestro linaje. Somos una suma de todos nuestros anteriores. Soy un convencido de que conocer de dónde venimos puede ayudar a formarnos en el quiénes somos hoy… y mañana. Es parte de la construcción de la persona que podemos llegar a ser. Tal vez este volcado de tinta en este papel sea desde una experiencia un tanto personal y, no por eso, menos válida para quien lea esto. Sentirnos orgullosos de nuestras raíces nos eleva como personas.
Lo último, porque este telépata director sabe lo que está pensando al momento de leer estas disparatadas líneas: cuando miren hacia atrás sumándose a esta locura genealógica, siempre tengan esta frase en mente, dicho en buen romance: “Cada uno hace lo que mierda puede con lo que tiene”.
Como cierre, este es un hermoso ejercicio para muchas cosas, entre ellas, observar a la distancia con compasión y entendimiento. Siempre es saludable desempolvar el perdón que muchas veces está por ahí guardado en alguna caja en los recuerdos de la abuela; eso nos hace libres y felices.

Para ANUNCIAR Informa (AI)
Desde Argentina
Ignacio Bucsinszky
Este artículo esta publicado en el boletín digital, número 75, que corresponde al mes de febrero de 2026.
