¡Saludos, mis muy queridos lectores! Espero que este primer mes del año 2026 hayan podido cumplir esas metas de inicio de año y, si no, ¡ánimo! Aún hay tiempo.
Llegamos al segundo escalón del 2026 y, siguiendo el calendario civil y religioso, nos encontramos con la festividad de San Valentín, aquel sacerdote romano del siglo III que casaba en secreto a los jóvenes, a pesar de la prohibición del emperador Claudio II. Y sí, leíste bien: San Valentín no es el nombre de una festividad meramente comercial ni el de Cupido; fue una persona real, con una historia de amor y sacrificio. Él fue martirizado un 14 de febrero del año 270. De ahí nace la fecha de esta celebración hasta lo que conocemos hoy, cuando dedicamos el mes de febrero al amor y la amistad. Pero, ¿qué entendemos por amor y amistad en la actualidad?
Ambos conceptos están totalmente desvirtuados. Hoy la amistad se empieza a ver como una herramienta de conveniencia: es mi amigo mientras pueda obtener algo a cambio, a mi favor, por supuesto. Cada vez es más difícil tener y mantener una amistad genuina, donde ambas partes sepan que están para apoyarse sin llevar cuenta de favores ni medir quién es más importante o más sobresaliente. Hoy me alegra si mi amigo compra un auto nuevo, pero me enoja si es mejor que el mío. Hoy me alegra si mi amigo logra un mejor salario, pero me frustra si es superior al mío.
Y en el amor no andamos tan perdidos; pasa algo muy parecido. Hoy llamamos “amor” a cualquier sentimiento que nos hace sentir bien. Lo hemos materializado y sexualizado al extremo. Cada vez son menos las personas que buscan un compromiso serio, que están dispuestas a entregarse de corazón a otra, a aceptar al otro con sus defectos y virtudes. Más aún, cada vez son menos quienes logran aceptarse y amarse a sí mismos, y si no logro amarme, ¿cómo pretendo amar a alguien más?
San Pablo nos dice que “el amor es comprensivo, es servicial, no tiene envidia, acepta todo, cree todo, ama sin límites, espera sin límites… el amor no pasa nunca”.
Hoy amar es de valientes, pues es ir en contra de un sistema que nos invita a vivir el momento, a buscar el placer personal y a valorar más el recibir que el dar. Se nos olvida que el mayor símbolo del amor no es un corazón, ni una rosa roja, ni mucho menos un cupido; el mayor símbolo del amor ha sido y será la cruz, pues fue por amor que Jesús se entregó por cada uno de nosotros. San Agustín nos dejó la bella frase “ama y haz lo que quieras”, pues desde el amor no puede surgir deseo de mal.
¡Que cada día vivamos la alegría del amor verdadero!
Nunca dejes de soñar.

Para ANUNCIAR Informa (AI)
Desde México
José Luis Hernández
-Este artículo está publicado en el boletín digital, número 74, que corresponde al mes de enero de 2026.
