Mi querido y gentil lector: una vez más nos encontramos en estas desprolijas líneas que intentan, con mayor o menor éxito, ordenar un poco el caos cotidiano. Hoy no vamos a hablar de cambios de personaje, aunque en cierto modo… sí. Pero no exactamente. Hoy quiero invitarlos a reflexionar sobre algo que solemos tratar con una liviandad casi peligrosa: el mañana. Porque vivimos como si el mañana fuera un hecho. Como si estuviera firmado. Sellado. Garantizado.
—“Pero, Sr. Director, ¿acaso no es normal pensar que mañana nos levantamos y seguimos?”
Claro que es normal. Lo que no es necesariamente acertado es darlo por sentado. Nos movemos por la vida postergando lo importante con una facilidad admirable. El abrazo puede esperar. El “te quiero”, también. El llamado pendiente lo hacemos cuando tengamos más tiempo. Pedir perdón… bueno, eso puede esperar un poco más todavía.
Total, mañana estamos.
¿Estamos?
No se trata de ponerse dramáticos ni de salir corriendo a abrazar desconocidos por la calle (aunque no sería la peor de las ideas). Se trata de algo mucho más simple y, al mismo tiempo, más incómodo: entender que cada momento tiene fecha incierta de vencimiento. Las etapas terminan, eso ya lo sabemos. Pero a veces no concluyen como lo habíamos planificado en nuestro prolijo Excel mental. A veces simplemente se interrumpen. Sin aviso. Sin discurso de despedida. Sin última escena épica. Y ahí aparece el famoso “hubiera”.
Hubiera dicho.
Hubiera hecho.
Hubiera ido.
Pero él hubiera, mis fieles lectores, no construye presente. Solo decora el pasado con culpa. Vivimos ocupados en lo urgente y distraídos de lo esencial. Nos preocupamos por llegar a horario, por cumplir objetivos, por sostener estructuras… pero olvidamos decirle a alguien que lo queremos. O agradecer. O simplemente mirar a los ojos cinco segundos más.
—“Espere, Sr. Director, ¿usted propone vivir como si fuera el último día?”
No. Propongo vivir como si fuera el único que tenemos garantizado. Que no es lo mismo. El mañana es una posibilidad hermosa, pero no una promesa contractual. Y entender eso no debería angustiarnos; debería despertarnos. Tal vez el verdadero cambio de personaje del que tanto hablamos en otras oportunidades sea este: dejar de actuar como si fuéramos eternos. Cambiar el avatar que posterga por el que expresa. El que calla por prudencia excesiva por el que habla con honestidad. El que asume que habrá otra oportunidad por el que entiende que esta es la oportunidad. No sabemos cuánto dura la obra. Lo que sí sabemos es que estamos en escena ahora.
Así que, si tiene algo que decir… dígalo.
Si tiene a alguien que abrazar… abrácelo.
Si siente amor… expréselo.
No sea cosa que el telón baje sin que hayamos pronunciado lo verdaderamente importante.
Nos leemos el mes próximo.
Si el mañana decide acompañarnos.

Para ANUNCIAR Informa (AI)
Desde Argentina
Ignacio Bucsinszky
Este artículo esta publicado en el boletín digital, número 76, que corresponde al mes de marzo de 2026.
