En pleno corazón de la Gran Depresión, narra la historia de dos timadores que deciden vengar la muerte de un amigo y colega traicionado por el implacable gánster Doyle Lonnegan. Johnny Hooker, un joven estafador con pocos escrúpulos, pero mucha intuición, ve cómo su mentor es asesinado tras un simple timo que sale mal. Desesperado, huye de la ira de Lonnegan y busca la ayuda de Henry Gondorff, un viejo maestro de las estafas que vive al margen de la ley, retirado de las grandes jugadas.
Juntos urden un plan tan intrincado como audaz: crear una elaborada farsa de apuestas y una red de engaños tan sofisticada que Lonnegan ni siquiera sospeche que está siendo manipulado. Para ello reclutan a un grupo de criminales de confianza, cada uno con habilidades únicas, y transforman un sótano en un lujoso salón de apuestas que parece legítimo a simple vista.
A medida que el “gran golpe” se pone en marcha, las tensiones aumentan, las identidades se confunden y las piezas del rompecabezas se alinean de manera que incluso el espectador empieza a dudar de lo que es real y de lo que es parte de la estafa. Pero la verdadera sorpresa llega al final, cuando revelaciones inesperadas hacen que todo lo que se creía seguro dé un giro: los protagonistas terminan engañando no solo al mafioso, sino también a la audiencia misma, con un desenlace que mezcla ingenio, humor y astucia en igual medida, y que deja al poderoso Lonnegan sin dinero y sin sospechar nunca la magnitud del engaño.
Lo que distingue a esta película de otros relatos de crimen y venganza es su tono ligero y su habilidad para equilibrar drama y comedia sin perder coherencia narrativa. La puesta en escena transporta al espectador a un Chicago de los años treinta llenos de personajes pintorescos y situaciones impredecibles, donde cada giro del guion está calculado para sorprender y divertir. La relación entre Hooker y Gondorff no es solo la de un joven aprendiz y un veterano experimentado, sino la de dos almas que encuentran en la camaradería y la audacia una forma de enfrentar tanto a sus enemigos como a la adversidad de sus propias vidas.
El Golpe, no solo cautivó por su trama ingeniosa, sino también por su impacto en la cultura popular y el cine de su época. Estrenada en 1973 y dirigida por George Roy Hill, la película fue un verdadero fenómeno, recibiendo elogios de la crítica y del público, y llegando a ser uno de los títulos más exitosos de los años setenta. Ganó siete premios Óscar, incluido el de Mejor Película, y revitalizó las carreras de sus protagonistas, Paul Newman y Robert Redford, quienes ya habían demostrado su química en pantalla en trabajos anteriores.
Un dato curioso y distintivo de la producción es su banda sonora: aunque la historia se desarrolla en la década de 1930, la música es predominantemente ragtime, especialmente la versión adaptada por Marvin Hamlisch del clásico “The Entertainer” de Scott Joplin. Este enfoque musical fue sorprendente para muchos, dado que el ragtime tuvo su apogeo décadas antes, pero la elección resultó tan acertada que la banda sonora se convirtió en un éxito por derecho propio, despertando un renovado interés en ese género y situando la pieza en listas de popularidad mucho tiempo después de su estreno original.
Además, la película fue seleccionada en 2005 para preservación en el Registro Nacional de Cine de Estados Unidos por ser “cultural, histórica o estéticamente significativa”, lo que subraya su valor como obra emblemática del cine criminal y de engaños. Esta distinción reconoce no solo sus virtudes técnicas y narrativas, sino también su influencia duradera en el género de películas de estafas, que desde entonces han intentado emular su mezcla de encanto, complejidad y sorpresa.

Para ANUNCIAR Informa (AI)
Desde España
Jorge José López
-Este artículo está publicado en el boletín digital, número 75, que corresponde al mes de febrero de 2026.
