A mis queridos lectores: me encuentro nuevamente cerrando un nuevo año en estas desprolijas editoriales y me da cierto orgullo cada tanto; este es uno de esos casos en los que, al mirar atrás, veo un gran camino recorrido y muchas, pero muchas, reflexiones ofrecidas por este introspectivo director. Como pequeño pensamiento antes de meterme en el tema central que quiero tocar hoy, quiero agradecer a mi gran amigo Alfredo Musante, con quien compartimos esta idea del boletín y, casi sin darnos cuenta, hemos transitado años de editoriales y otras cosas. Un abrazo a la distancia, hermano.
Habiendo dicho esto, vamos de lleno al tema que quiero utilizar para, nada más y nada menos, llevarlos a la última reflexión de este año, aunque técnicamente estarán leyendo esto ya entrados en 2026.
Hacer recontó de lo vivido es algo que sucede muy a menudo a fines de año: promesas para el siguiente que, por lo general, no se cumplen —algunas sí, estoy generalizando— y ganas de iniciar cosas y proyectos. Este año que entra, si jugamos muy por arribita con los números, podemos decir que es un año semilla, un año de comienzo, a diferencia del anterior, que fue un año de cierre. Me explico: si sumamos los dígitos del 2025 y los del 2026, nos va a dar 9 y 1 (llevado a un dígito, antes de que alguien con calculadora en mano me llame la atención), respectivamente. El 25, año de cierres, y el 26, de comienzos. Bueno, vamos allá.
Este curioso e incansable director, siempre buscando aprender más y más, se cruzó con una información que quiero compartir con ustedes. Es algo que me resonó mucho, me hizo sentido y lógica; digo, para poner un poco de pragmatismo a la cosa. Además, es una excelente idea, a mi parecer, para comenzar a implementarla en este año “semilla” que comienza. El cuento va por aquí…
Casi como regla de vida podemos aplicarlo. La matemática es simple: actuar desde la pasión. Me explico: moverse hacia lo que genere pasión, siempre atentos a que no sea ansiedad disfrazada de pasión. Una vez identificado esto, lo que nos hace realmente felices, llevarlo lo más lejos que podamos hasta que no podamos avanzar más, permitiendo que el entusiasmo disminuya naturalmente y asegurándonos de que no seamos nosotros quienes lo apaguemos con creencias basadas en el miedo. Que esta misma pasión te guíe y te lleve sin asumir ningún resultado ideal, porque, la verdad, no sabemos cómo debe ser el resultado ideal, aunque creamos que sí.
Mantener el estado positivo, porque todo lo que sucede en el camino sucede con un propósito y, si nos mantenemos en este estado, obtendremos un beneficio positivo de lo que sea que ocurra. No importa lo que pase; lo que importa es qué hacemos con lo que pasa, y eso va a marcar la diferencia en la vida. Examinemos siempre los sistemas de creencias que tenemos arraigados para eliminar aquellos que están basados en la negatividad y el miedo (esto espero que lo lea el Sr. Murphy, el inventor de las leyes homónimas; le vendría bárbaro).
¿Cuál es la idea de todo esto? Vivir más conscientes de lo que hacemos, de lo que no hacemos y seguramente quisiéramos hacer; más conscientes de los miedos infundados que llevamos con nosotros, algunos arraigados, otros directamente enquistados. Poder ver todo esto desde la conciencia, desde la realidad diaria, desde uno mismo, e ir moldeando pequeñas cosas. Como dijo Lao-Tsé, con muchísimo tino: “Un viaje de mil millas comienza con un solo paso”.
Esta es la invitación a dar ese paso.
Excelente comienzo de 2026.
Es un año especial para ser felices.
Es nuestra obligación.

Para ANUNCIAR Informa (AI)
Desde Argentina
Ignacio Bucsinszky
Este artículo esta publicado en el boletín digital, número 74, que corresponde al mes de enero de 2026.
