¡Saludos, mis muy queridos lectores! El calendario, tanto el litúrgico como el civil, nos marca una fecha muy esperada por todos: la Semana Santa y la semana de Pascua. La primera es, por mucho, la más importante del año para los cristianos, pues recordamos la pasión, muerte y resurrección de Jesús, el Hijo de Dios. Con esa alegría de la resurrección, se nos da paso a la Pascua, que para algunos (los no creyentes) es solo una semana, y para otros (los creyentes) es un tiempo litúrgico que se extiende por cincuenta días, en los que celebramos la alegría de la resurrección; esta va desde el domingo de Resurrección hasta el domingo de Pentecostés.
Para los no creyentes, estas semanas son muy esperadas por el tema de las vacaciones, el descanso, visitar playas o a la familia, o simplemente desconectarse del ajetreo cotidiano; mientras que, para los creyentes, son semanas esperadas que se comienzan a preparar desde la Cuaresma (cuarenta días previos) para llegar a este tiempo con una actitud diferente.
Hoy te quiero contar un poco de historia que considero puede ser muy provechosa tanto para creyentes como para no creyentes: la Pascua proviene del hebreo pèsaj, que significa “paso”. Para el pueblo judío, es la conmemoración de la liberación de la esclavitud en Egipto; para los cristianos, significa el triunfo de Jesús sobre la muerte, pasando así a la vida eterna y abriéndonos las puertas del cielo.
Cada uno de nosotros puede dar ese “paso”, dejando atrás actitudes que sabemos no nos hacen bien y con las que incluso llevamos años batallando; que, aunque a veces nos hacen sentir orgullosos, tampoco hemos hecho algo por erradicarlas, cambiarlas o, por lo menos, minimizarlas.
Hoy puedo dar ese paso para ser un padre de familia más presente en la vida de mis hijos; puedo dar ese paso para ser un esposo más atento a las necesidades emocionales de mi esposa; puedo dar ese paso para ser un hijo más agradecido con mis padres; puedo dar ese paso para ser un amigo y hermano más atento a las necesidades de los demás y no solo llamar cuando necesito un favor; puedo dar ese paso para ser un mejor ser humano.
Hoy el mundo necesita con urgencia personas empáticas, justas y valientes, que ya no quieran callar ante todo lo que está mal por miedo al reclamo social o, como se dice hoy, “miedo a ser funado”, sobre todo en redes sociales; y ese temor nos ha llevado al deterioro social que vivimos o, mejor dicho, que padecemos hoy.
Seas creyente o no, te invito, más aún, te pido que te atrevas a levantar la mano, a no tener miedo de ser original, a alzar tu voz y a atreverte a decir NO cuando es no y SÍ cuando es sí. Dando ese paso, podremos ponernos en marcha hacia un mundo mejor; no esperes que alguien más dé ese paso, sé tú el primero y otros te seguirán.
Ánimo.
Nunca dejes de soñar.

Para ANUNCIAR Informa (AI)
Desde México
José Luis Hernández
-Este artículo está publicado en el boletín digital, número 77, que corresponde al mes de abril de 2026.
