Nunca supe si hablar de hechos que marcan la vida de uno, y cuando se te caen las vendas de los ojos y ves la realidad desde otra perspectiva es cuando te das cuenta de que Dios te habla siempre. Sí, como lo estás leyendo, te habla, se comunica, te tira data constantemente, intenta decirte que estás equivocado por ese camino.
Los más racionalistas o escépticos te dirán que es tu conciencia, pero no puedo expresar con palabras los modos en que intentó advertirme, traerme por el buen camino, hacerme ver que estaba equivocado, que estaba viviendo una mentira, que incursionaba en la mentira, el engaño, el encubrimiento, que estaba haciendo daño a los más cercanos que me aman.
Y sí, Dios habla, está en uno querer escucharlo, querer prestar atención a su palabra de ayuda, a querer oír y escuchar lo que tiene que decirnos, y no hablo de la palabra escrita en las Sagradas Escrituras, pasa por otro lado, por el de la corrección fraterna. Lamentablemente Jesús ya nos advierte en Mateo 26-41: “Estén prevenidos y oren para no caer en tentación, porque el espíritu está dispuesto, pero la carne es débil” y sí, y lo sabe, por eso el volver a la oración, a una vida piadosa que nos aleje de todo tipo de males.
Es importante, empezar de a poco, se los digo por experiencia propia, porque que sea el editor en jefe de esta publicación y director de La Productora y otros productos no me veo libre de caer, es más, mis caídas van a ser más profundas, más fuertes y oscuras, porque como bien nos dice Lucas, 12-48: “Al que se le dio mucho, se le pedirá mucho; y al que se le confió mucho, se le reclamará mucho más”.
Por eso, amigos, caer en la tentación es normal para el creyente, y sí, y no debemos alarmarnos ni amargarnos, debemos hacer frente como nos recuerda Gálatas 6-16: “Tengan siempre en la mano el escudo de la fe, con el que podrán apagar todas las flechas encendidas del Maligno”.
Es fundamental esto y que lo tengamos claro, es necesario pasar por esto, sí, aunque queramos evitarlo y decir “a mí nunca me va a pasar” es querernos convencer de que el fuego no quema. Afrontemos nuestras caídas con dignidad y arrepentimiento, salgamos en busca de la cruz, que, aunque sea su sombra ya con eso nos veremos libres y comenzaremos a transitar en el camino que el Maestro quiere que transitemos.

Para ANUNCIAR Informa (AI)
Desde España
Alfredo Musante Martínez
-Este artículo está publicado en el boletín digital, número 77 que corresponde al mes de abril de 2026.
