Mi querido y gentil lector, nuevamente nos encontramos aquí: ustedes del lado del resultado final, leyendo, y servidor, tratando de desenredar estas desprolijas líneas para que queden al gusto de este reflexivo, pero, sobre todo, minucioso Director.
Hablando de resultados y de procesos —de lo que sucede en el medio de esas dos puntas—, hay algo en lo que quiero reparar: son dos cositas que, por lo general, no les prestamos importancia, pero terminan siendo determinantes en la concreción de aquello que estuvo desarrollándose.
Y, claro, es sabido que este profundo Director está utilizando una de sus artimañas para llevarlos a la reflexión y, en este caso, cavando un poco más… a estar atentos.
Se me viene a la memoria algo de lo que hablaba Siddhartha Gautama (Buda), donde hace especial hincapié en esto de estar atentos, vigilantes:
“La vigilancia es el camino hacia la inmortalidad; la negligencia es el camino hacia la muerte.” (citado textual del Dhammapada).
—“¡Pero Sr. Director, otra vez con sus cosas raras!”—
Querido lector, paciencia (esta se la dejo para otra Editorial), estamos en camino…
Este concepto, que tiene que ver con el famoso “mindfulness” —tan occidentalizado…—, nos habla, básicamente, de “no dormirse frente a lo que ya estás mirando”. Este poético Director se explica: es algo así como no actuar en modo automático.
Al punto. La idea de ver lo que ya estamos mirando es, justamente, estar atentos y no actuar mecánicamente, dejando que los sucesos y los días pasen rápido, “sin pena ni gloria”. Algo así como: bueno, ya pasó un día más. No se vibra, no se disfruta.
La rutina, en su justa medida, ordena. Pero, en exceso, nos lleva precisamente a esto que intento acomodar en estas líneas. Estar atentos a las pequeñas cosas, a las señales, a las voces del corazón, nos hace más humanos; nos conecta más con la divinidad y con nuestra alma.
“La magia está donde la veamos”. Mire qué simple se expresó este Director (sin adjetivo esta vez, simple). Vivir atentos a nuestro alrededor y disfrutar, realmente, cada detalle que va surgiendo en el proceso… note, mi sagaz lector, cómo vamos conectando con el principio de estas líneas mágicas.
Estar conscientes de nuestro entorno en todo momento, más allá de las obligaciones diarias de la vida, puede enriquecer el alma. Una vida donde añadimos una capa de encanto a lo cotidiano no tiene precio. Simplemente, podemos hacerla más bonita y más feliz.
—“¿Volvemos al principio?” ¡Venga!—
Estemos atentos a nuestro alrededor, viviendo en ilusión, en sorpresa, conectados y escuchando nuestra voz interior y nuestro corazón. Esta es la única manera de vivir los procesos de la vida —todos, desde los más pequeños hasta los más trascendentes— en alegría y dicha.
Como siempre les digo: tenemos la obligación de ser felices, y podemos utilizar todos los recursos disponibles… incluso esta fantástica editorial.

Para ANUNCIAR Informa (AI)
Desde Argentina
Ignacio Bucsinszky
Este artículo esta publicado en el boletín digital, número 77, que corresponde al mes de abril de 2026.
