Mi querido y gentil lector, ya a mis 50 y un poquito más, este maduro Director, casi sin querer, tal vez producto de la experiencia, del camino ya andado o, quién sabe, utilizando —en el mejor sentido de la palabra— las experiencias ajenas, hizo un descubrimiento tan espectacular como simple y, si se quiere, obvio.
En las desprolijas líneas que corresponden al mes de mayo voy a compartir con uds., mis queridos lectores, este paradigma que me ha hecho pensar y reflexionar mucho sobre el tema. Espero que estén preparados para leer la siguiente declaración que, si se detienen un poco en ella, a muchos puede cambiarles el rumbo de la vida. Sí, así de trascendental.
—“En la vida, lo único que nos limita somos nosotros”—
Alguien: —“Ah, bueno, a este Director se le dio por seguir a los gurús de 20 años de Instagram que tienen la vida resuelta. ¡Lo perdimos! Era bueno reflexionando, pero parece que caducó”—
Permítanme y les explico. No es que este desfachatado Director vio un par de reels (uso el vocabulario de los jóvenes) y solucionó “la vida”, nada más lejos de eso; pero, para explayarme en el tema, los necesito atentos y afilados a lo que escribiré en el párrafo siguiente.
Esto es algo que seguramente le va a resonar a muchos y, a los que no, reflexionen un poco más y seguro le encontrarán sentido y, seguramente, historia en sus vidas. Esta frase guarda un significado muy profundo y muy cercano a las “fibras” de la persona, más cerca del alma que del cuerpo. Hagamos memoria: cuántas cosas no hemos ni siquiera comenzado por miles de razones, seguramente todas válidas y que, en ese momento, hacían sentido. Cuando digo cosas, me refiero a estudios, proyectos, aventuras y, por qué no, locuras.
La retrospectiva, a veces, solo a veces, nos recuerda situaciones que nos llevan al “¿y si lo hubiese hecho?”. ¿Y si a los 20 me hubiese ido de mochilero a Europa? ¿Y si, a pesar de la opinión de toda la familia, hubiese estudiado un instrumento en el conservatorio? ¿Y si me la hubiera jugado el todo por el todo para tal o cual proyecto? Hay un largo etcétera con más preguntas como estas.
¿Cuál es el “problema” aquí? Paso a enumerar en orden. Hoy ya no tengo 20, tengo 50 y otras responsabilidades; no puedo irme de mochilero a Europa. Hoy estoy con mi trabajo, que tiene que ver con mis estudios, y no puedo dejar todo para dedicarme a la música. Hoy una familia depende de mí y de mi estabilidad; ya no puedo jugarme el todo por el todo en casi nada.
La reflexión que quiero dejar con esto es que en nuestra vida podemos hacer lo que nos venga en gana. Literal. Los que contamos más inviernos en nuestro haber debemos moderar nuestro ímpetu de hacer “lo que queramos” porque, obviamente, ya tenemos obligaciones generadas a nuestro alrededor y no queremos actuar de manera irresponsable; pero sí podemos apuntar a cometer alguna “rebeldía” que nos alegre el alma de manera más “local” —por poner un término que indique “más pequeño”—.
Las generaciones más nuevas… ¿qué demonios esperan para hacer vibrar su corazón y su alma? Es ahora. Tic, tac, tic, tac…
Tenemos la obligación de ser felices y coherentes con esa felicidad.
Los quiero.

Para ANUNCIAR Informa (AI)
Desde Argentina
Ignacio Bucsinszky
Este artículo esta publicado en el boletín digital, número 78, que corresponde al mes de mayo de 2026.
