Inicia el papa Francisco un capítulo planteado en la encíclica “Laudato Si” titulado “El Evangelio de la Creación”, formulando una pregunta directa a ustedes y a mí, a modo de exhortación: ¿Por qué incluir en este documento, dirigido a todas las personas de buena voluntad, un capítulo referido a convicciones creyentes?
La respuesta la introduce el Pontífice con un valioso aporte a la antropología teológica, al promover un diálogo con otras religiones —sin relativizar el catolicismo—, dejando en claro que la riqueza presente en ellas puede contribuir de manera significativa a una “ecología integral” que incorpore al hombre en su “dignidad plena”. La fe, en este sentido, permite contemplar la belleza de lo creado y se presenta como una fuente de luz capaz de sanar aquello que ha sido dañado, desde una mirada verdaderamente integral.
En este punto, la Iglesia Católica se muestra abierta al diálogo, no solo con otras religiones, sino también con la sociedad. A este ámbito se lo denomina Doctrina Social de la Iglesia (DSI), la cual se enriquece constantemente a partir de los desafíos actuales, proponiendo caminos de renovación en favor de la dignidad humana.
La Doctrina Social de la Iglesia resulta central en este capítulo, ya que busca iluminar la realidad histórica a la luz del Evangelio, aportando elementos fundamentales: una visión del hombre centrada en la dignidad de la persona humana, reconociendo sus derechos inalienables, entendiendo que no es simplemente algo creado, sino “alguien”, como lo expresa el Papa; y una búsqueda constante del “bien común”, en cuanto la tierra ha sido dada a todos por el mismo Señor.
“La tierra es del Señor” (Sal. 24,1)
En otras palabras, se trata de hacer presente el Evangelio en la realidad concreta, con una mirada transformadora, conciencia ecológica y atención especial a los más débiles. Otro aspecto relevante es la relación entre fe y razón, que permite comprender al hombre en su dimensión relacional con el mundo. Tal como se desprende de los textos bíblicos, el mundo ha sido confiado al ser humano para establecer vínculos fraternos con toda la creación y custodiar su belleza.
Desde el Génesis, los salmos y los libros proféticos, se destaca que la tierra no solo nos precede, sino que pertenece a Dios y es signo de su don. En este sentido, el dominio desmedido sobre la creación y el abandono de los más vulnerables contradicen el plan creador y afectan la dignidad humana.
El pecado original ha dejado huellas profundas que, a la luz de la fe, pueden ser revisadas y orientadas responsablemente. El Antiguo Testamento recuerda con claridad la responsabilidad hacia el otro: Caín mató a su hermano Abel y el Señor le preguntó: ¿Dónde está tu hermano? ¿Qué hiciste con tu hermano? (Gn. 4)
Desde el inicio se afirma así la importancia del sentido social, del respeto a la vida y de la responsabilidad compartida.
En la próxima entrega profundizaremos en cómo esta ruptura inicial se proyecta en la realidad actual y qué camino propone el Evangelio para restaurar la armonía entre el hombre, la creación y Dios.

Para ANUNCIAR Informa (AI)
Desde Venezuela
Isabella Orellana
Locutora Católica
Especialista en Comunicación Eclesial
Profesora Universitaria en Teología
Esposa y madre de Familia
-Este artículo está publicado en el boletín digital, número 78, que corresponde al mes de mayo de 2026.
