La pandemia nos acercó más a la tecnología; de una u otra manera, todos nos vimos en la necesidad de conectarnos de forma virtual y de emplear plataformas que hasta hace un tiempo ignorábamos por desconocer su uso y sus posibles alcances. Sin embargo, esa misma dinámica intensificó nuestra interacción digital y, por causa de los algoritmos, nos está uniendo con quienes piensan de la misma manera, llevándonos progresivamente hacia actitudes más intolerantes. Reflexionemos lo siguiente:
En matemáticas, ciencias de la computación y otras disciplinas relacionadas, el algoritmo se define como un conjunto de preceptos establecidos e inequívocos, organizados de manera metódica y finita, que permiten efectuar cómputos, procesar información, dar solución a problemas y llevar a cabo diversas actividades. Una vez que se parte de un estado inicial y una entrada, siguiendo los procedimientos requeridos, se llega a un estado final y se obtiene un resultado.
Los algoritmos son objeto de estudio de la algoritmia y, aunque muchos no lo crean, también se aplican en distintos aspectos de la vida cotidiana. Ahora bien, retomando la propuesta inicial, sucede que, por causa de estos sistemas, nuestras búsquedas y el manejo de la información nos conducen a contenidos afines a nuestra posición y forma de pensar. Poco a poco nos vamos alejando de aquellos resultados donde se presentan posturas distintas, de modo que el algoritmo nos ofrece cada vez más información relacionada con nuestros gustos y creencias, reforzando nuestra visión e ignorando lo diferente.
Estamos frente a un riesgo importante: confirmar constantemente nuestras propias ideas, preferencias, perspectivas y pensamientos nos une con quienes piensan igual, hasta llegar a creer que somos mayoría y que esa forma de pensar es la única válida. Sin embargo, la verdadera riqueza se encuentra en la diversidad, en la opinión contraria, en la multiplicidad de posturas y puntos de vista. Los algoritmos, en cambio, tienden a conducirnos hacia opiniones similares, alejándonos de quienes piensan diferente.
“No se adapten a los criterios de este mundo; al contrario, transfórmense, renueven su interior, para que puedan descubrir cuál es la voluntad de Dios, qué es lo bueno, lo que le agrada, lo perfecto”. Romanos 12,2
Intolerancia, radicalidad e impaciencia son el resultado de creer que quien piensa distinto a mí, o no coincide con mi forma de ver la realidad, debe ser ignorado o considerado un enemigo. Hace falta más empatía y comprensión. “La virtud es un medio entre dos vicios, que pecan, uno por exceso, otro por defecto”. Aristóteles.

Para ANUNCIAR Informa (AI)
Desde México
Rafael Salomón
-Este artículo está publicado en el boletín digital, número 78, que corresponde al mes de mayo de 2026.
