La edición número 83 de ANUNCIAR Informa, correspondiente al mes de octubre de 2026, centra su Tema de Tapa en el séptimo aniversario de esta publicación digital. Cada aniversario me lleva inevitablemente hacia atrás, porque antes de hablar de lo que somos hoy necesito recordar de dónde nació aquella necesidad de tener un medio propio. En otras oportunidades conté parte de esta historia, pero esta vez quiero detenerme en los caminos, las ilusiones, los tropiezos y también en las personas que fueron apareciendo a lo largo de los años. Porque detrás de una publicación hay mucho más que páginas, noticias o archivos: hay decisiones, vínculos, frustraciones y, sobre todo, una voluntad persistente de seguir comunicando.
Para encontrar el origen tengo que regresar a 1995. En aquel momento estaba dedicado casi por completo a la producción de nuestro programa estrella, EL ALFA Y LA OMEGA, y un año antes había conocido a Juan Carlos Pisano. Junto con su esposa, María Inés Casalá, llevaba adelante Diálogo, una publicación mensual gratuita que alcanzaba una tirada de 50.000 ejemplares. Aquello me impresionaba profundamente. No había detrás una maquinaria empresarial capaz de sostener semejante emprendimiento: colaboraban comunidades religiosas, editoriales y personas que aportaban lo que podían, mientras la impresión y la distribución exigían un esfuerzo enorme. Al mirar ese trabajo entendí que una idea podía convertirse en un medio si existían voluntad y perseverancia.
Esa experiencia terminó de encender una inquietud que ya llevaba dentro. Pensé que EL ALFA Y LA OMEGA podía prolongarse más allá de la radio y tener una continuidad sobre papel. Se lo conté a Pisano y recibí su apoyo; además, fue quien me presentó al doctor Carlos Besanson, por entonces al frente de la Agencia Periodística CID y del Diario del Viajero junto con su esposa. Cada visita a aquellas instalaciones me producía una mezcla de admiración e inseguridad. Allí veía a numerosos colegas esperando sus publicaciones, en un ambiente donde el periodismo todavía parecía tener una capacidad enorme para abrir caminos. Finalmente conseguí editar cinco números de EL ALFA Y LA OMEGA, EL PERIODISMO DE LA NUEVA EVANGELIZACION.
Fueron cinco ediciones construidas con entusiasmo, pero también con un costo personal que hoy puedo mirar con mayor perspectiva. Yo financiaba prácticamente todo y las adhesiones de los lectores apenas alcanzaban para sostener una parte del proyecto. La colaboración solicitada era de un peso argentino, una cifra pequeña que buscaba mantener la publicación al alcance de todos. Para distribuirla recorría personalmente las parroquias y capillas del entonces obispado de San Miguel, muchas veces en bicicleta, y cuando una comunidad conseguía vender más de cincuenta ejemplares le dejaba una pequeña parte de la recaudación como agradecimiento. Aquello no representaba una gran suma, pero para mí significaba reconocer a quienes abrían sus puertas a una publicación independiente.
La historia, sin embargo, terminó de una manera que todavía recuerdo con dolor. Desde mi perspectiva, la aparición de otra publicación vinculada oficialmente al ámbito del obispado generó una competencia que terminó perjudicando nuestro proyecto. Se comunicó a las parroquias que debían privilegiar aquella publicación por su carácter oficial y que la nuestra no contaba con esa condición, aunque yo había escrito y recibido el respaldo del entonces obispo, monseñor Abelardo Francisco Silva. Intenté sostener el proyecto, pero las adhesiones comenzaron a desaparecer y para financiar las últimas ediciones tuve que pedir dinero prestado. Finalmente decidí detenerlo. No lo hice desde el resentimiento; lo hice porque ya no podía seguir acumulando deudas alrededor de una ilusión que había quedado sin sostén.
Aquella experiencia no eliminó mi deseo. Al contrario, dejó una pregunta instalada dentro de mí: ¿por qué no tener algún día un medio propio, donde la comunicación no dependiera de decisiones ajenas? A veces las cosas necesitan esperar hasta encontrar su momento. En 2001, mientras Argentina atravesaba una de sus crisis más profundas y ANUNCIAR ya estaba establecida desde 1999, volví a imaginar un periódico llamado ANUNCIAR Informa. Otra vez quedó en un proyecto. Sin embargo, la idea permaneció viva, como esas semillas que parecen dormidas, pero siguen debajo de la tierra. Con el paso del tiempo comprendí que aquel proyecto no estaba muerto; simplemente todavía no había encontrado la forma tecnológica, editorial y personal que finalmente permitiría hacerlo realidad.
El verdadero detonante llegó muchos años después. Enviábamos nuestras noticias a AICA, la Agencia Informativa Católica Argentina, y al comienzo algunas eran publicadas prácticamente de manera íntegra. Con el tiempo empecé a advertir que determinadas informaciones, especialmente aquellas en las que aparecía alguna crítica hacia la Iglesia, eran modificadas. Una vez podía comprenderlo; dos veces podía dejarlo pasar; pero cuando se convirtió en una constante, comprendí que necesitaba otra respuesta. No se trataba solamente de una cuestión de estilo. Para mí estaba en juego algo más profundo: la posibilidad de escribir sin que alguien decidiera de antemano qué parte de una realidad podía ser publicada y cuál debía desaparecer del texto.
Así, en octubre de 2019, nació ANUNCIAR Informa como boletín digital en formato PDF. No nació con la pretensión de ser perfecto ni con una estructura empresarial extraordinaria. Nació, sencillamente, de la necesidad de contar con un espacio propio. Desde entonces intentamos construir una publicación donde no exista una lista previa de temas permitidos ni una persona encargada de señalar qué pensamiento puede entrar y cuál debe quedar afuera. Eso no significa que todo texto sea incuestionable ni que la libertad nos exima de responsabilidad. Significa que creemos en la posibilidad de publicar, debatir, disentir y asumir lo que decimos. Esa diferencia, para mí, explica buena parte de nuestra identidad.
Durante estos siete años elegí como director, tanto del boletín como del portal, a Ignacio Bucsinszky. Su incorporación también dice mucho sobre lo que buscaba construir. Ignacio no proviene del entorno religioso, no es una persona de comunión diaria ni de oración contemplativa, pero posee una cualidad que considero fundamental para dirigir un medio: la sinceridad. Puedo decir que me siento orgulloso de cómo administra este espacio y, especialmente, de la libertad con la que puedo trabajar junto a él desde mi responsabilidad como editor en jefe. No necesitamos pensar exactamente igual para trabajar juntos. Necesitamos respetarnos, hablar con claridad y entender que el medio está por encima de nuestras preferencias personales.
Esa misma libertad intentamos ofrecer a quienes escriben hoy en ANUNCIAR Informa. Quiero que sepan que aquí existe un espacio donde una idea no será descartada simplemente porque incomoda, cuestiona o plantea una mirada diferente. No hay censores escondidos, ni compromisos externos que obliguen a maquillar una realidad, ni una lista de personas a las que debamos agradar para poder continuar. Hay responsabilidad editorial, por supuesto, porque publicar también significa hacerse cargo de las palabras, pero esa responsabilidad no puede convertirse en miedo. Después de siete años, sigo creyendo que comunicar también consiste en escuchar, preguntar, incomodar cuando sea necesario y buscar la verdad con honestidad, sin perder de vista a las personas que están detrás de cada historia.
Hoy miro aquellos primeros ejemplares de 1995 y encuentro allí al mismo hombre que años después decidió volver a intentarlo. Cambiaron las herramientas, desapareció el papel, llegaron los boletines digitales, los portales, las redes y ahora también un nuevo espacio audiovisual en YouTube. Sin embargo, la necesidad permanece intacta: tener una voz propia y ponerla al servicio de una comunicación que no renuncie a sus convicciones. Siete años después de aquel octubre de 2019, ANUNCIAR Informa continúa anunciando con su propio estilo y desde su propia mirada el mensaje de la Buena Noticia de Jesús.
Y eso, más que una cifra, es la verdadera razón para celebrar. Quizás un aniversario sea, en definitiva, una oportunidad para agradecer. A quienes estuvieron al comienzo, a quienes ayudaron cuando parecía que no había recursos, a quienes escribieron, leyeron, compartieron, criticaron y acompañaron. También a quienes alguna vez dijeron que no, porque incluso esos momentos terminaron enseñándome que una publicación no puede depender exclusivamente de que otros crean en ella. Hay que aprender a sostenerla cuando nadie mira. Por eso este séptimo aniversario no lo siento como una meta, sino como una pausa para tomar aire y comprobar que aquella vieja inquietud de 1995 finalmente encontró su lugar.
Feliz aniversario, ANUNCIAR Informa.
Que sigamos teniendo motivos para ANUNCIAR.

Para ANUNCIAR Informa (AI)
Desde España
Alfredo Musante Martínez
-Este artículo está publicado en el boletín digital, número 83 que corresponde al mes de octubre de 2026.
