La literatura también encuentra su lugar fuera de las bibliotecas y las salas tradicionales. A veces basta una cafetería, un grupo dispuesto a compartir sus textos y un público que se detenga por un momento para escuchar. Esa fue la propuesta que reunió el pasado viernes 30 de octubre, en vísperas de Halloween, a integrantes de La Liga de Autores y del club de fans de Michael Jackson en la cafetería La Quintana, en Ciaño.

La actividad tomó la forma de un micrófono abierto, una invitación a acercar la creación literaria a quienes disfrutaban de un café o una bebida durante aquella tarde otoñal que poco a poco se convertía en noche. Los autores participantes tuvieron la oportunidad de presentar sus obras, ofrecer una breve reseña de cada una y compartir algunos fragmentos significativos. De esta manera, pudieron acercar sus creaciones al público presente en un ambiente cotidiano, alejado de la formalidad de las presentaciones convencionales.

El presidente de La Liga, Alfredo Musante Martínez, abrió oficialmente la jornada dando la bienvenida a los escritores participantes, agradeciendo a la confitería La Quintana por acoger el encuentro y saludando al público presente, que se acercó para compartir una tarde de literatura y emociones.
El encuentro buscó abrir un espacio para la palabra, el intercambio y la escucha. No se trataba únicamente de hablar de libros, sino de darles voz y permitir que las historias salieran de las páginas para encontrarse con otras personas. La experiencia demostró que la literatura puede integrarse a la vida cotidiana y generar momentos de conexión entre quienes escriben y quienes se acercan a escuchar, incluso cuando no tenían previsto participar de una actividad cultural.

La secretaria de La Liga, Evelin Menéndez, presentó a la joven escritora Any Pascual, quien tuvo la oportunidad de dar a conocer sus diversos trabajos literarios ante el público presente.
Uno de los momentos más emotivos de la jornada llegó con la intervención de Rubén. Su narrativa caló profundamente en una parte del público, que seguía atentamente sus palabras. La emoción se hizo visible y las lágrimas acompañaron el relato, en una respuesta espontánea que dejó en evidencia la capacidad de una historia para llegar al corazón. No hicieron falta artificios ni recursos superficiales: bastó una narración capaz de conectar con la sensibilidad de quienes estaban allí.

Rubén Siñeriz Fernández presentó su libro De aquellas mujeres, una obra que despertaría una profunda emoción entre el público presente minutos después, gracias a la fuerza de su narrativa.
Aquel instante dio un significado especial al encuentro. Comprobar que un texto puede despertar emociones tan intensas constituye también un estímulo para quienes eligen la escritura como forma de expresión. La literatura no se mide únicamente por la extensión de una obra ni por el reconocimiento que pueda alcanzar, sino también por su capacidad de generar cercanía, despertar recuerdos y hacer que alguien se sienta comprendido. Cuando una historia logra ese vínculo, la palabra cumple una de sus funciones más valiosas: acercar a las personas a través de experiencias y sentimientos compartidos.

Miguel Granda Cué, presento su libro de poemas Requiem aeternam
La jornada en La Quintana dejó una certeza para La Liga de Autores: merece la pena seguir creando espacios donde los escritores puedan presentar sus obras y compartirlas directamente con el público. La experiencia de Ciaño recordó que siempre habrá historias capaces de conmover y personas dispuestas a escucharlas. Por eso, encuentros como este representan una oportunidad para continuar difundiendo la literatura, fortalecer los vínculos entre autores y lectores y mantener viva la voluntad de seguir contando historias.


Equipo de Redacción
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Para La Liga de Autores
