Y así nomás empezamos una nueva vuelta alrededor del sol, un año más, un año nuevo, que iremos descubriendo con el paso de los días y los meses, observando cómo se desarrollan las diferentes situaciones día a día en nuestras vidas, en nuestro entorno, en aquellos que amamos y estimamos.
Siempre, cuando llega el final de un año y el inicio de otro, me gusta rememorar los tiempos pasados, no para hacer un mea culpa ni revisar en qué me equivoqué, sino como un ritual que llevo desde que tengo memoria.
Me gusta mirar fotografías. Por suerte, gracias a la tecnología actual, he podido digitalizar muchísimas imágenes y, con la ayuda de la inteligencia artificial, optimizarlas. Así, año tras año, puedo ver cómo se ha ido desarrollando mi historia. Claro que en las fotos solo están registrados los buenos momentos: familia, amigos, lugares visitados, personas que ya no están en este plano terrenal, pero que formaron parte de mi vida.
Al recorrer mi línea de tiempo, noto que no hay fotografías de los malos momentos: de aquellos que causaron heridas, dolor, que nos hicieron tomar decisiones equivocadas o entristecer a quienes nos aman; de personas que creíamos correctas y terminaron siendo malas influencias. Esas imágenes no existen, porque el tiempo es sabio: siempre registramos los buenos momentos para recordarlos y añorarlos, y los malos los olvidamos, extrayendo de ellos las enseñanzas de vida que nos dejan, pero evitando revivirlos constantemente.
Imagínese si los hechos que nos hicieron sentir mal, nos causaron dolor o nos traicionaron estuvieran en imágenes. Sería una forma morbosa de revivir siempre ese sufrimiento, atrapándonos en un bucle interminable de experiencias negativas.
Por eso, me gusta hacer este recorrido, contemplando las fotos, especialmente ahora que estoy en otro país. Gracias a ellas puedo ver a familiares que han quedado lejos, a amigos que viven a distancia y que compartieron mi vida, mi historia y ayudaron a forjar la persona que soy hoy.
Recomiendo a quien quiera hacerlo: es un ejercicio sano, melancólico y profundamente saludable, porque activa la memoria y despierta sentimientos positivos.
En particular, acompaño esta actividad escuchando la banda sonora de un álbum que marcó mi adolescencia y que me recuerda a un amigo que partió hace muchos años, con quien nunca tuvimos la oportunidad de tener una foto juntos. El álbum es “Another Page”, de Christopher Cross, de 1983, uno de sus trabajos más memorables.
Te invito a hacer lo mismo: recorrer tu historia, mirar las imágenes que te hicieron sonreír y revivir los buenos momentos. Encontrarás paz, resiliencia y una nueva perspectiva para recibir lo que este nuevo año tiene para ofrecer.

Para ANUNCIAR Informa (AI)
Desde España
Alfredo Musante Martínez
-Este artículo está publicado en el boletín digital, número 74 que corresponde al mes de enero de 2026.
