La edición número 79 de ANUNCIAR Informa, correspondiente a junio de 2026, abre sus páginas con una imagen profundamente significativa para millones de creyentes: el Sagrado Corazón de Jesús. Al presentar este símbolo en la portada, me propongo volver sobre una tradición que, lejos de pertenecer únicamente al pasado, continúa ofreciendo respuestas y orientación espiritual en un tiempo marcado por la incertidumbre, la velocidad y la búsqueda constante de sentido.
Aunque la devoción al Sagrado Corazón suele asociarse a manifestaciones particulares ocurridas a lo largo de la historia, sus fundamentos se encuentran en el núcleo mismo del cristianismo. La comprensión de este misterio fue desarrollándose progresivamente y, según diversas tradiciones espirituales, su revelación plena estaba reservada para una etapa específica de la historia humana. En ese contexto adquiere relevancia el testimonio atribuido a Santa Gertrudis, quien relató una experiencia vinculada al apóstol San Juan. De acuerdo con esa revelación, el conocimiento más profundo del Corazón de Cristo sería dado a conocer cuando la humanidad necesitara reavivar una caridad debilitada por el paso del tiempo.
Por esa razón, esta devoción no puede entenderse únicamente como una práctica piadosa entre muchas otras. Su alcance se proyecta hacia la vida interior de los creyentes, pero también hacia la reflexión intelectual y la dimensión social de la fe. Desde mi experiencia personal, reconozco que no soy especialmente devocional; sin embargo, el Sagrado Corazón ocupa un lugar privilegiado entre las expresiones de espiritualidad que más me han acompañado. A lo largo de los años he reunido libros, investigaciones y materiales diversos que me han permitido profundizar en su significado.
Con frecuencia se considera que estas manifestaciones religiosas pertenecen a otra época o que carecen de vigencia en la sociedad contemporánea. Sin embargo, las devociones continúan siendo caminos concretos para acercarse a los misterios de la fe. La propia figura de Santa Gertrudis, destacada por su formación intelectual y espiritual, demuestra que esta tradición estuvo vinculada desde sus inicios a una profunda reflexión sobre Cristo.
La pregunta que surge entonces es inevitable: ¿qué puede aportar el Sagrado Corazón en pleno siglo XXI? Frente a una cultura que suele conformarse con una idea superficial de bondad, el mensaje cristiano propone horizontes más amplios. Cristo invita a vivir la misericordia, que implica acompañar el sufrimiento ajeno y actuar para aliviarlo, y también la santidad, entendida como una vida unida al amor de Dios. El corazón, despojado de interpretaciones meramente sentimentales, representa el centro, el propósito y la dirección de la existencia. Por eso, el Sagrado Corazón sigue siendo una referencia para fortalecer la fe, la esperanza y la caridad, recordándonos una verdad esencial: Dios es amor. Esa convicción permanece vigente, iluminando decisiones, vínculos y desafíos cotidianos de hoy.

Para ANUNCIAR Informa (AI)
Desde España
Alfredo Musante Martínez
-Este artículo está publicado en el boletín digital, número 79 que corresponde al mes de junio de 2026.
