¡Saludos, mis muy queridos lectores! Un abrazo muy sincero a cada uno de ustedes que mes a mes me hacen el favor de leer estas líneas.
“El tiempo vale oro”, dice el conocido refrán, pero ¿no estamos malinterpretando ese pensamiento popular? El mensaje era que aprendiéramos a valorar el tiempo, a disfrutarlo, a poder hacer lo que más amamos y disfrutamos: una cena con nuestra pareja, una caminata en silencio, ver una puesta de sol, jugar con nuestros amigos. Y, por supuesto, también debemos cumplir con nuestros deberes de una manera responsable, ya sea cumpliendo con mis labores de trabajo o de estudio. En otras palabras, la idea era hacer lo que me corresponde en el momento que me corresponde hacerlo: si es tiempo de trabajar, trabaja; si es tiempo de descansar, descansa; si es tiempo de disfrutar, disfruta… pero ¿lo estamos haciendo así?
La inmediatez nos ha vuelto una sociedad que quiere hacer todo rápido, al momento, sin importar si está bien o está mal y mucho menos pensar en el disfrute, en analizar… en reflexionar. Incluso, aquellas cosas favoritas las estamos haciendo con presión de tiempo. Hoy nos estresamos con facilidad si alguien respeta la velocidad marcada en la carretera, si alguien decide esperar en un semáforo en rojo. Buscamos restaurantes donde la comida me la sirvan rápido, aunque el sabor sea más industrial y menos casero. Buscamos lecturas cortas, y eso en el mejor de los escenarios, pues ya muchos optaron por los audiolibros, para estarlos “escuchando” mientras hacen otras cosas, porque no nos regalamos el momento de sentarnos a leer mientras tomamos una taza de café.
Hoy ya no estamos viviendo, sino sobreviviendo. La salud nos está pasando la factura: hoy vemos problemas de insomnio incluso en los niños, problemas de alimentación, problemas circulatorios, musculares, cardíacos y de índole cerebral en edades no antes vistas.
¡Es tiempo de darnos tiempo! Es tiempo de disfrutar los instantes, incluso aquellos que parecen sin importancia. Es tiempo de ponernos horarios para organizarnos. Puede sonar ilógico hacer un calendario para organizar hasta mis tiempos de descanso, pero lo veo necesario y lo comento desde mi necesidad y experiencia. Ya tenemos trabajos donde salimos de una oficina, pero seguimos trabajando desde casa; es decir, no salimos de la oficina, solamente cambiamos el lugar donde hacemos el trabajo. La situación económica cada vez apremia más y todos buscamos la manera de lograr una mejor posición en lo personal y en lo familiar.
Recuerdo ver a mi abuelito sentado en su silla mecedora todas las tardes, leyendo el periódico y esperando la llamada a tomar café de media tarde de mi abuelita, esto después de haber tenido su jornada laboral, y me surge la pregunta: ¿veremos nuevamente a una generación que logre vivir plenamente?

Para ANUNCIAR Informa (AI)
Desde México
José Luis Hernández
-Este artículo está publicado en el boletín digital, número 78, que corresponde al mes de mayo de 2026.
