Hola, gente. Esta vez quiero recomendarles una de esas películas que ya es difícil encontrar en las salas de cine, pero que todo amante del séptimo arte debería ver al menos una vez en la vida: La dolce vita, dirigida por Federico Fellini. La historia nos lleva a la Roma de finales de los años cincuenta. Allí conocemos a Marcello Rubini, un periodista de crónica social que intenta abrirse camino cubriendo las noticias más sensacionalistas y la parte más sabrosa de la actualidad: estrellas de cine, celebridades, aristócratas, falsos milagros y personajes dispuestos a cualquier cosa con tal de seguir ocupando un lugar en los titulares.
La Via Veneto se convierte en su territorio habitual. Marcello recorre sus noches acompañado por el fotógrafo Paparazzo, buscando datos, fotografías, escándalos y rumores entre la gente del espectáculo. De allí proviene, precisamente, el término “paparazzi”, que con el tiempo pasó a identificar a los fotógrafos dedicados a perseguir a los famosos. Marcello vive con su novia Emma, que sueña con casarse con él y formar una familia tradicional. Pero nuestro protagonista parece incapaz de abandonar su vida nocturna, sus relaciones y su permanente insatisfacción. Tiene otra amante y aprovecha cualquier oportunidad que aparece en su camino, moviéndose dentro de un ambiente burgués, superficial y carente de verdadera comunicación.
La llegada de Sylvia, una espectacular estrella del cine estadounidense, representa para él una gran oportunidad. Marcello recibe el encargo de acompañarla durante su estancia en Roma y realizar el correspondiente reportaje. Cree que ganarse su amistad podría facilitarle el camino para abandonar el periodismo de cotilleos y convertirse finalmente en novelista. Pero Sylvia se entrega a las fiestas de la alta sociedad romana, utiliza a Marcello como acompañante y lo arrastra por una vida nocturna marcada por los excesos. Durante una de esas noches descubre la Fontana di Trevi y decide meterse vestida en el agua. Marcello no tiene más remedio que entrar a buscarla, protagonizando una de las escenas más famosas de la historia del cine.
La dolce vita es una obra maestra en la que Federico Fellini abandona su etapa neorrealista y comienza a construir el universo visual, simbólico y profundamente personal que marcaría el resto de su carrera. El director utiliza el cine como una forma de expresión artística, alejándose de las estructuras convencionales y de los estilos narrativos tradicionales. Para lograrlo contó con actores magníficos como Marcello Mastroianni, Anita Ekberg y Anouk Aimée, la inolvidable música de Nino Rota, un magistral uso de la cámara y unos recursos técnicos extraordinarios.
Pero, sobre todo, Fellini construyó una crítica cruel, despiadada y mordaz contra el mundo del glamour, el lujo y el famoseo. Detrás de las fiestas, los vestidos elegantes y las apariencias, encontramos personajes vacíos, incapaces de comunicarse y atrapados en una vida que parece no tener ningún sentido. Es una película para adultos, sin duda, pero también una de las obras fundamentales de la historia del cine. Hay que verla para comprender las miserias morales de esos círculos cerrados de ricos y famosos en los que casi todo es falso.
Y también para disfrutar de una singular obra de arte cuya influencia continúa presente en nuestra cultura.
No se pierdan La dolce vita.

Para ANUNCIAR Informa (AI)
Desde España
Jorge José López
-Este artículo está publicado en el boletín digital, número 82, que corresponde al mes de septiembre de 2026.
