Saludos, mis muy queridos lectores. Nos volvemos a encontrar gracias a estas líneas. Reciban de mi parte el mejor de los deseos para cada uno de ustedes y los suyos.
En esta ocasión traigo un deseo, un sueño que no sé qué tan posible o realizable sea (ustedes me lo dirán después), y es que llegué a esa edad en la que me pesa el sentimiento de culpabilidad al ver cómo viven mis hijos y cómo viví yo a la edad de ellos. A pesar de que yo vivía en la capital y con ello había cierta carga de riesgo, mi infancia y juventud fueron muy bonitas, llenas de experiencias; tengo una buena cantidad de fracturas o lesiones que son parte de mi historia, travesuras y aventuras.
Solía jugar hasta que la pelota ya no se viera por la oscuridad y, al escuchar el grito de mi mamá de “Joseee, para adentro”, era la hora exacta de volver a casa. Los videojuegos, aunque sí los tuve, casi no los jugaba y quedaban relegados para aquellas tardes lluviosas cuando no me dejaban salir a jugar. Claro que, si la lluvia nos agarraba en medio del partido, era reglamentario terminarlo, y aquellos partidos bajo la lluvia eran hermosos: ya no pateábamos la pelota; ahora lo importante era brincar en cada charco, correr y barrernos en el lodo y ver quién terminaba más sucio (algunas veces mi mamá prefería sacar la manguera y bañarme en el jardín antes que dejarme entrar así a la casa y a la ducha).
Sin embargo, hoy mis hijos y sus amigos no tienen esas libertades de salir a jugar hasta que anochezca; muchos de ellos, a pesar de tener edad para movilizarse solos, no lo hacen por miedo a la delincuencia organizada. Les han robado una parte esencial de su vida y, a muchos otros jóvenes, muy lamentablemente, les han robado su vida de manera literal. Hoy, ver a grupos no gubernamentales buscando rastros de sus hijos para encontrar algo de paz en medio de tanto llanto y desesperación es una injusticia, por llamarlo de la manera más educada posible.
Nosotros, de jóvenes, recibíamos cursos sobre qué hacer en caso de incendio o de sismo; hoy nuestros hijos reciben cursos sobre qué hacer en caso de balaceras. Hemos ido normalizando tanto este tipo de acciones que cada vez nos sorprende menos e incluso nos hemos vuelto expertos en detonaciones para saber reconocer si son fuegos artificiales o disparos los que se escuchan.
Me encantaría que mis hijos pudieran vivir su juventud con la tranquilidad que yo viví la mía y que yo, como papá, viviera la juventud de mis hijos con la paz con que mi mamá vivió la mía. De repente, tocaba salir corriendo a urgencias por alguna quebradura, golpe o algún raspón fuerte, pero jamás pasaba por su mente el miedo de no volver a verme cuando salía a jugar al parque.
Tomemos muy en serio las votaciones de nuestros países, pues está demostrado que un pueblo que sabe escoger bien a sus gobernantes gana mucho más que unas elecciones, pero los pueblos que no saben escoger, que no van a las urnas o que simplemente dejan en manos de otros la decisión sobre el rumbo de un país, poco a poco pierden mucho más que unas elecciones.
Ánimo.
Nunca dejes de soñar.

Para ANUNCIAR Informa (AI)
Desde México
José Luis Hernández
-Este artículo está publicado en el boletín digital, número 83, que corresponde al mes de octubre de 2026.
