Bien conocida es la veneración a la Virgen María por millones de fieles en todo el mundo, pero no todos están verdaderamente conscientes de lo que ella tuvo que vivir en esta tierra para materializar la misión de ser madre, guía, educadora y fiel discípula de Jesús. Y es que, en el propósito salvífico, Dios quiso contar con su decisión libre, por la acción del Espíritu Santo; por tanto, la Iglesia, desde sus inicios, honra a María como hija de Dios Padre, madre de Dios Hijo, esposa de Dios Espíritu Santo.
Ahora bien, comprender su misión es adentrarnos en su Eterna Virginidad y Maternidad Divina desde una perspectiva renovada y cercana, capaz de comprender que, ante todo, ha sido humana, al asumir su vocación como mujer, mamá y esposa en esta tierra. Ella “sabe transformar una cueva de animales en la casa de Jesús, con unos pobres pañales y una montaña de ternura. Ella es la esclavita del Padre que se estremece en la alabanza. Ella es la amiga siempre atenta para que no falte el vino en nuestras vidas. Ella es la del corazón abierto por la espada que comprende todas las penas. Como madre de todos, es signo de esperanza para los pueblos que sufren dolores de parto hasta que brote la justicia. Ella es la misionera que se acerca a nosotros para acompañarnos por la vida, abriendo los corazones a la fe con su cariño materno”. (Evangelii Gaudium, cap. V, n.º 286).
María es Madre de Dios, pero también Madre nuestra. Y eso es, precisamente, lo que encuentro en María como motor para la presente reflexión: un amor de madre auténtico, el amor cotidiano de la Virgen en la casa de Nazaret, expresado en sonrisas y ternura cada “nuevo día”, para irradiar al mundo de fe, esperanza y caridad.
Y para sustentar lo anterior, añado que recientemente el Dicasterio para la Doctrina de la Fe, bajo el pontificado del papa León XIV, ha emitido una nota doctrinal (Mater Populi Fidelis) sobre algunos títulos marianos referidos a la cooperación de María en el plan de salvación. Se trata de un documento que nos ayuda a entender bien a la Virgen María y a vivir correctamente una devoción que nos conduzca siempre a Jesús, desde el pleno conocimiento de la misión de su Madre.
Este es un texto que no surgió de la nada y que responde a dudas y propuestas que han llegado a la Santa Sede con respecto a la devoción mariana y sus títulos desde hace varias décadas.
Es por ello que aborda, de manera muy explícita, la relación de María para con nosotros, que no es otra cosa que la auténtica devoción mariana a la luz de la Palabra de Dios, tal y como lo hemos venido desarrollando en la presente reflexión. Al comprender su Maternidad Divina y su Virginidad Perpetua, nos percatamos también de que ella es y será siempre la madre de la humanidad, madre de la Iglesia e intercesora ante todo creyente.
Aproximarnos a María en una dinámica cercana y renovada nos sitúa ante la figura de una mujer que, siendo la madre de Dios, no dejó de ser humana y, por tanto, sabe perfectamente cómo llenar de Vino Nuevo nuestras vasijas vacías. Estamos, sin duda alguna, ante una mujer nueva, una nueva Eva, que con su SÍ se hizo “madre presente” en cada uno de nosotros, y es eso, precisamente, lo que vivimos y experimentamos en cada advocación mariana.
Ella se presenta como una verdadera misionera, adjudicándose el color, la raza, la cultura y el sentir, para hacer a la mujer más mujer y al hombre más hombre —junto a José—, recapitulando así a la familia humana desde la Creación del mundo (Gn 1, 28) y dándonos a luz de nuevo, al pie de la cruz, porque ya lo ha hecho una primera vez, no en el dolor, sino en la alegría, cuando dio al mundo, justamente, esa Palabra Viva y Eterna, que es Cristo, en el cual fuimos regenerados.
En María, además, la mujer de hoy redescubre su auténtica vocación cristiana, haciendo uso de su libertad y cumpliendo la voluntad de Dios, desde su misión de ser cada vez más mujer en medio del mundo, en virtud de que la ternura de nuestra madre María es y será siempre fuente de inspiración y transformación.
El sí de María continúa resonando con fuerza.

Para ANUNCIAR Informa (AI)
Desde Venezuela
Isabella Orellana
-Este artículo está publicado en el boletín digital, número 83, que corresponde al mes de octubre de 2026.
