Saludos, mis muy queridos lectores. Nuevamente podemos ponernos en contacto gracias a estas líneas. Hoy, mientras les escribo, acaba de terminar la segunda semifinal del Mundial de fútbol y ya tenemos definidos a los finalistas: España, la campeona de Europa, y Argentina, la defensora del título mundial. De antemano, mucho éxito a ambas selecciones y que gane el mejor. (Cuando este ejemplar salga, ya tendremos campeón del mundo).
Si bien es cierto que, en época de Mundial, todo o casi todo gira alrededor de un balón de fútbol, el marketing está fortísimo y muchos caemos en estas ofertas: nos metemos de más en el juego, compramos camisetas, accesorios; algunos gastan miles de dólares en viajes, entradas a los estadios, hoteles y todo lo que implica asistir a un evento como este. En definitiva, la pasión nos mueve. Pero, al mismo tiempo, me causa gran curiosidad por qué esa misma pasión que nos genera un acontecimiento deportivo no la despierta una causa altruista, salvo cuando ocurre alguna desgracia, como un terremoto, inundaciones, huracanes o cualquier afectación ocasionada por fenómenos atmosféricos.
Me es imposible no pensar qué pasaría si esa misma pasión que despierta nuestra selección, independientemente del país del que seamos, la viviéramos en los temas políticos de nuestras naciones. Que analizáramos las propuestas de los candidatos, que nos comprometiéramos a seguir cada debate, a estudiar sus gabinetes, a emitir votos pensados y reflexionados… Estaríamos obligando a los partidos políticos a presentar candidatos limpios, sin corrupción sobre sus espaldas; candidatos realmente calificados y preparados. Tal vez así no tendríamos los circos que hoy vemos en la política.
Las ONG no tendrían que gastar sus escasos recursos tratando de captar nuestra atención para que donáramos un dólar a una buena causa, sino que haríamos filas para donar y para sumarnos, poniendo nuestras manos al servicio de las causas más nobles.
No estoy en contra del fútbol; al contrario, soy muy futbolero. En mi niñez y juventud pertenecí a las ligas menores del Deportivo Saprissa, de mi país, Costa Rica. Pero es curioso cómo esa misma energía que nos transmite un deporte, esa unión que provoca entre las personas, no podemos llevarla a planos más importantes y trascendentes, como la solidaridad, la empatía, la política, la educación, la lucha contra la corrupción, la defensa de la vida misma y el compromiso por una vida de calidad.
Hace algunos mundiales, la canción oficial de una Copa del Mundo se llamó “La Copa de la Vida”. ¿Y si hoy realmente nos preocupáramos por luchar por esa copa? ¿Y si hoy nos uniéramos para sacar la corrupción de nuestros gobiernos? ¿Y si hoy lucháramos como sociedad por los derechos de los niños? ¿Y si hoy levantáramos la voz para exigir hospitales y servicios de salud dignos y humanos? ¿Y si hoy defendiéramos la vida desde su concepción? Esa sí sería la verdadera Copa de la Vida…
Ánimo.
Nunca dejes de soñar.

Para ANUNCIAR Informa (AI)
Desde México
José Luis Hernández
-Este artículo está publicado en el boletín digital, número 81, que corresponde al mes de agosto de 2026.
