Saludos, mis queridos amigos de esta revista, que mes a mes nos encontramos en estas líneas. En muchos países estamos por iniciar un nuevo ciclo escolar y, con ello, se viene todo el ajetreo normal que millones de familias vivimos día a día (levantadas temprano, desayunos a la carrera, gritos mañaneros y tráfico vial). Así que quiero aprovechar este tema para escribir estas líneas.
En tiempos actuales, tan polarizados por TODO, donde una sencilla opinión se puede convertir en un debate nacional en redes sociales, está el tema de qué tipo de educación darles a mis hijos. Y esto va a depender mucho del tipo de creencias que, como familia, profesemos. Pero hay algo que sobresale, y son los números de alumnos que tienen los colegios y universidades católicas. Casi la gran mayoría de ellos tienen sus inscripciones al 100 % o casi en el 100 %. Y es que, en un mundo donde se empezó a sacar a Dios de los gobiernos, de las escuelas y de la vida social en general, argumentando un Estado laico, hemos ido cayendo de manera vertiginosa en un Estado antirreligioso. Nuestros niños y jóvenes son bombardeados por tantas ideas y tan cambiantes que hoy un tema se vuelve tendencia y en una semana ya no es importante… y ahí van nuestros hijos brincando de rama en rama, buscando un árbol sólido donde poder hacer su nido, ese nido llamado personalidad.
En muchos países se prohíbe hablar de Dios en las aulas, las clases de religión han ido desapareciendo poco a poco, algunos profesores hacen malabares al tocar temas de historia, ciencia, matemáticas y hasta música, pues muchos temas empatan directamente con la religión.
Existe una verdad y es una cierta presión social que viene desde las agendas políticas y, aunque ya algunos gobiernos han decidido retroceder, viendo la necesidad de dar esas clases de valores a los niños y jóvenes, de quitar ciertos temas y volver a una educación no “de moda”, sino de fondo en temas que son importantes, donde la física, la biología, la historia o las matemáticas no dan margen a doctrinas efímeras. Las escuelas católicas no han dejado de ser, para muchos, la primera opción para meter a sus hijos. Incluso muchas familias que no son creyentes han decidido que sus hijos sean educados en colegios católicos, y ni hablar de hijos de funcionarios públicos que, desde su escritorio, dictan leyes en contra de la biología y la fe, pero optan por que sus hijos se eduquen en escuelas que defienden y enseñan el valor y derecho a la vida.
Al final, siempre será una decisión de cada familia, pero lo que es cierto es que nos urge una educación en valores, en respeto a la naturaleza y a la vida misma, donde todos volvamos a vernos como hermanos, no para ser iguales, sino para amarnos a pesar de ser diferentes.
Ánimo.
Nunca dejes de soñar.

Para ANUNCIAR Informa (AI)
Desde México
José Luis Hernández
-Este artículo está publicado en el boletín digital, número 82, que corresponde al mes de septiembre de 2026.
